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NO TE HABÍA DICHO HASTA HOY

A Joaquín Garrigós

No te había dicho hasta hoy
que los días pasan
sin contarme
sus pequeños avatares cotidianos,
que los mares todos
han vuelto al océano
y que su lecho seco llora en silencio
la viveza de sus olas de antaño,
que la tristeza carece ya de palabras
y los recuerdos
tampoco pueden ya vivirse igual,
que la vida es y no es
lo que parecía ser entonces,
o en un mañana perdido en el pasado,
que he visto
cómo el polvo lo cubre todo,
el perdón y el odio a la vez,
que el aspirar a lo mejor
se impregna del lastre
más fino posible,
carga cuidadosamente oculta
entre los pliegues de la memoria de aquel ser
cada vez más desconocido,
que el olvido no existe
ni tampoco la lejanía
salvo, quizá, en nuestros sueños
de cada día
donde nos recogemos
tantas veces
para poder volver
de tanto en tanto
a nuestro sueño de siempre, allí
donde nos detenemos cada vez
para poder volver algún día...

No te había dicho hasta hoy
que el río prepara su lecho
para el retorno a casa
después de peripecias sin cuento,
y los seres que albergó
durante un tiempo
corren desamparados
sin saber que su vida
significará en adelante
algo que los asustará de muerte
en su limitado entendimiento,
que el cieno de las profundidades
está más preparado que nunca
para aceptar las nuevas formas de dolor
para poder aspirar al conocimiento,
que todo es absolutamente
insoportable allí, donde todo
le parece cada vez distinto
al que solo sabe ver
lo que puede verse,
que la inmensidad puede abarcarse
con el último pensamiento,
que puede convertirse en el primero
solo una vez en la vida,
o que el punto sea
tan grande que abarque
toda la inmensidad de formas distintas
cuyas ignoradas propiedades
se compenetren hasta la identidad
en sus esencias inmortales,
que el camino es vía y meta en todas partes
donde haya pugna y creación,
pensamiento y esperanza, traición y agradecimiento,
que todo el aliento
está listo para emprender el viaje
y llegar allí
de donde no pueda ya irse
sin sufrir la mayor de las desilusiones
del que sabe...

No te había dicho que las estaciones
se transforman momento a momento
en la virtud de una ley no descubierta
por especialistas omniscientes,
para ir al compás de los cambios
producidos en mentalidades inalteradas,
ni que las verdades
son tan peligrosas
como las no verdades
cuando uno se obstina
en ponerlas a prueba,
ni invalidar su existencia,
que nunca puede significar
más tarde, antaño o ahora,
en un mundo sometido al cambio
y al mismo tiempo inmóvil
en sus impenetrables honduras,
que el tiempo solo es
la faz más temida
de lo desconocido, idolatrado
en el intento del hombre
por superar las barreras de la ilusión invisible...

Traducción del rumano por Joaquín Garrigós


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