Elena Liliana PopescuA ti, que estás abriendo este libro …


Trata de dejar de lado las preocupaciones del día para poder entrar juntos en la realidad del Sueño llamado Poesía, abriendo la puerta de tu corazón a estos versos escritos especialmente para ti.

Nacieron en mi corazón cuando les tocó desprenderse del mundo de las formas-pensamientos y revestirse en el mundo de las formas-palabras, para presentarse, cuando hayan cumplido su destino, a la ceremonia del encuentro contigo, lector.

La simplicidad que en su esencia significa la Verdad no puede expresarse más que por el silencio. Todas las palabras del mundo lo único que hacen es intentar describir el silencio.

El conocimiento de sí mismo, el ideal más simple y el más difícil de alcanzar es la finalidad de cada hombre por separado y la del mundo entero y a ella se subsume toda nuestra búsqueda. Algunas veces la búsqueda cobra la forma de lo que podemos llamar poesía.

Los poetas vienen y se van, dejando su empeño por descubrir el rostro invisible de la Poesía, la cual nos mira sin juzgarnos desde el otro lado del velo de la Ilusión».

Elena Liliana Popescu

Traducción del rumano por Joaquín Garrigós
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“¿DÓNDE ENCONTRARÁS LA PALABRA QUE EXPRESA LA VERDAD?”

În revărsarea zorilor ce vor veni
vei căuta şi nu vei mai găsi
iubirile din alte vremi – uitate,
ce-n suflet tot atâtea nestemate
Îmbogăţesc simţirea ta curată,
urmându-ţi calea ta nestrămutată
de astru cu destin necruţător,
supus şi nesupus nemuritor...
*
Cuando el alba hoy despuntará
el va a buscar y no encontrará
a olvidadas y antiguas amantes
que en su alma como diamantes
enjoyan hoy su sentimiento impoluto
cuando sigue por su camino resoluto
de astro con destino implacable y fatal,
de obediente y desobediente inmortal.

La variedad de facetas en las que se manifiesta la Creación pone a disposición del investigador otras tantas vías para buscar respuestas a los interrogantes que le impulsan a lanzarse por este camino: camino del conocimiento en el que las respuestas nunca son bastantes para dar lugar a nuevas preguntas y, mediante la búsqueda de las respuestas a estas últimas, el misterio, que permanece intacto, lo incita a continuar el camino… hasta encontrar la «pregunta-respuesta».

La poesía, uno de los misterios insondables de la humanidad, ha constituido a lo largo de los tiempos una atracción fascinante sobre los mortales que ponen a prueba su sensibilidad para restituir, gracias a la fuerza de la palabra, sentimientos, estados de ánimo, aspiraciones y remodelaciones de las propias experiencias en una forma particular, capaz de captar el interés de quienes los necesitan para enriquecer su experiencia propia. La poesía como estado de gracia la vive no solo el poeta, sino también el lector, cuando cada uno de ellos constata en un momento dado que está ya allí, donde la Poesía le permitió estar.

Podemos afirmar que la Poesía, vista como creación literaria, tiene un cuerpo físico constituido por células-palabras, armonioso en la medida en que el poeta puede modelarlo de tal suerte para presentar al mundo material el prototipo misterioso desde lo más hondo de su ser poético; tiene, de igual forma, un cuerpo mental constituido por su mundo ideal —el rigor del pensamiento del poeta se refleja, sin ninguna duda, en su obra— y un cuerpo espiritual, sutil, que da consistencia a los otros dos.

Escribir de la poesía de Mihai Eminescu, que descuella sobre todos estos planos, es una prueba temeraria; la propia aproximación a una creación tan compleja, cuyos paisajes de pensamientos y sentimientos son tan variados, desde los más profundos abismos hasta las cúspides más altas de la dualidad, constituye un acto arduo. No es fácil atravesar un mundo tan rico: «el mar y los ríos», «el mundo de los desiertos», «la luna y el sol», «los bosques con manantiales»,  «el cielo», «el océano», «las estrellas», «la lejanía», «el horizonte», «el lago azul de los bosques», «las aguas», «los chopos», «los ángeles y demonios», «el espacio y el tiempo» o «la muerte y la vida». Todo se encuentra en ese mundo fantasmagórico de su creación, no menos real que la de fuera, una creación poética en la que el estremecimiento de la inspiración y el don están presentes por doquier. Es un mundo ideal estructurado según leyes que funcionan de forma implacable. Por palabras a veces de gran simplicidad se expresan vivencias humanas muy diversas, entre las que destacan el sufrimiento y el amor, en una paleta con una gran riqueza de matices, todos ellos surgidos de la necesidad su yo poético, el del meollo de su ser. Se ilustran la relatividad del tiempo y del espacio [“Al astro ahora lucidor- Tan largo es el camino/ que en miles de años su fulgor/ Hasta nosotros vino” – Al Astro („La steaua care-a răsărit/ E-o cale-atât de lungă,/ Că mii de ani i-au trebuit/ Luminii să ne-ajungă.” – La Steaua)], la armonía de la naturaleza [“En la noche de poesía/ se alzo la luna llena;/ Todo es sueño y armonía” – Pajaritos soñolientos … („Peste-a nopţii feerie/ Se ridică mândra lună,/ Totu-i vis şi armonie” –Somnoroase păsărele...)], el transcurso [“Desjojanse las guacias de otoño y de viento/ Sus ramos mansos mueven, tu voz remedan más…/ Los moverán por siempre, por siempre dormirás.” – ¡Oh, madre!... (“Se bat încet din ramuri, îngână glasul tău.../ Mereu se vor tot bate, tu vei dormi mereu. –  O, mamă...”)], pero también la soledad y la ensoñación (Cuando la misma voz / Când însuşi glasul), la madurez [“pero no me encantan hoy con su cariño/ Charadas, cuentos, doinas, sin olvido / Que serenaron mi pensar de niño, Casi oscuros llenos, de sentidos” – Pasaron los años („Căci nu mă-ncântă azi cum mă mişcară/ Poveşti şi doine, ghicitori, eresuri,/ Ce fruntea-mi de copil o-nseninară,/ Abia-nţelese, pline de-nţelesuri” – Trecut-au anii...)], cuando el flujo de los pensamientos se analiza con minuciosidad [“ O pesados se quebrantan/ En mi alma – y me atristo – Como en gotas cae cera/  A los pies de Jesús Cristo – Soledad („Sau cad grele, mângâioase/ Şi se sfarmă-n suflet trist,/ Cum în picuri cade ceara/ La picioarele lui Crist.”– Singurătate)], pues logra realizar y describir el desgajamiento de los aspectos personales de la vida [“Pero la tempestad y el vaivén de la vida/ apenas me dejaron huellas tristes y sombras.; “Cuando pienso en mi vida, la veo que resbala/ lentamente contada por labios extranjeros,/ como si no fue mía, como si no he existido./ ¿Quién es este que cuenta de memoria mi vida/ tan bien que hasta lo escucho y río del dolor/ como si fuese ajeno?... Hace tiempo estoy muerto.” - Melancolía („Şi când gândesc la viaţa-mi, îmi pare că ea cură/ Încet repovestită de o străină gură,/ Ca şi când n-ar fi viaţa-mi, ca şi când n-aş fi fost./ Cine-i acel ce-mi spune povestea pe de rost/ De-mi ţin la el urechea – şi râd de câte-ascult/ Ca de dureri străine?... Parc-am murit de mult.” – Melancolie)] y la imposibilidad de entender la verdad en dualidad. [“¿Mas cómo a ti puedo bajar,/ A tu leve estatura,/ Siendo yo criatura inmortal/ Y tú mortal criatura?”  o „Viviendo en vuestro estrecho círculo / Os sonríe la suerte,/ Mas yo me siento en el mundo mío/ Aterido y sin muerte”  – Hyperion („Dar cum ai vrea să mă cobor?/ Au nu-nţelegi tu oare,/ Cum că eu sunt nemuritor,/ Şi tu eşti muritoare?” sau „Trăind în cercul vostru strâmt/ Norocul vă petrece,/ Ci eu în lumea mea mă simt/  Nemuritor şi rece.”  – Luceafărul)].

Las preguntas esenciales a las que el poeta sugiere la búsqueda de la respuesta [“Para tu propia vida/ Y tus fuegos y tus duelos/ ¿Dónde están los inclementes/ Ojos del juez de hielo?”; “¿Dónde encuentras la palabra/ La verdad en que se expresa?” – A mis críticos („Pentru-a tale proprii patimi,/ Pentru propria-ţi viaţă,/ Unde ai judecătorii,/ Ne'nduraţii ochi de gheaţă?”; „Unde vei găsi cuvântul/ Ce exprimă adevărul?” –  Criticilor mei)]; [(“Tú solo entonces eras, pregúntome, perdones,/ ¿A qué dios fiamos, pues nuestros corazones?” – La oración de un Dacio („Pe-atunci erai Tu singur, încât mă-ntreb în sine-mi:/ Au cine-i zeul cărui plecăm a noastre inemi?” – Rugăciunea unui dac)] siguen siendo actuales por ser fundamentales.

Palabras simples a primera vista esconden un sentido muy profundo que el lector puede esclarecer si está dispuesto a meditar con lecturas repetidas, impulsado por un ardor parecido al que se dotó al poeta para merecer que el don se reflejara sobre él. [“Tú apártate lejano/ Es en que el mundo aviene,/ Mientras, con  su ruido vano, / Tiempos pasan, tiempo viene.” – Glossa („Tu aşează-te deoparte,/ Regăsindu-te pe tine,/ Când cu zgomote deşarte/ Vreme trece, vreme vine.” Glossa)].

Una fe profunda convertida en poesía inspirada, puede originar poemas de gran belleza en cuanto a la forma y de gran profundidad en cuanto al fondo que pueden sensibilizar al que los lee, pues lo ayudan a comprender, por esta vía, algunos aspectos que, en una forma más árida de aprendizaje, le resultarían inaccesibles. [“Lo pasado y venidero/ De la hoja son dos caras;/ Fin es el origen mero/ Si de ver tu lo echaras;/ Lo de ayer y de mañana/ En el hoy se esconden todas, mas por su inania llana/ te preguntas y apodas. – Glossa („Viitorul şi trecutul/ Sunt a filei două feţe,/  Vede-n capăt începutul / Cine ştie să le-nveţe;/ Tot ce-a fost ori o să fie/ În prezent le-avem pe toate,/ Dar de-a lor zădărnicie/ Te întreabă şi socoate.”  – Glossa)]; [“Cuando ni muerte había, ni nada vividor/ Ni el núcleo de lumbre de vida hacedor,/ No había hoy, mañana, ni siempre, ayer, ninguna,/ Pues una eran todas y todo era una” – La oración de un Dacio (Pe când nu era moarte, nimic nemuritor,/ Nici sâmburul luminii de viaţă dătător,/ Nu era azi, nici mâine, nici ieri, nici totdeuna,/ Căci unul erau toate şi totul era una;” – Rugăciunea unui dac)]

*

Ilustrando una mentalidad de inspiración cristiana y noroccidental por oposición a la antigua y clásica, el Romanticismo produjo un arte que sueña con lo infinito, lo inaccesible, lo fantástico y lo misterioso en contraste con la antigua, que busca la razón, la calma, la sencillez, la nobleza y la claridad. Caracteriza el espíritu de la Edad Media con sus profundos sentimientos religiosos, su entusiasmo por una sociedad caballeresca, el amor por lo milagroso y la fe y por el dramatismo de los sentimientos humanos en oposición al espíritu crítico, la razón y la medida, al ser expresión de unas tendencias aparentemente contrarias a las que se cultivaban anteriormente en el arte: las racionales, moralistas y paganas.

En la literatura rumana, el romanticismo se manifiesta en las obras de los escritores adeptos al movimiento de 1848 y alcanza su apogeo con Mihai Eminescu (1850-1889). Al definirse a sí mismo como romántico, Eminescu no solo es romántico, pues su obra se destaca de la de los primeros poetas románticos por su estilo original y la distinta perspectiva con la que trata los grandes temas del romanticismo como la naturaleza, la historia, la gloria, el amor, la experiencia personal del yo o la genialidad; por otro lado, en su poesía se encuentran conceptos clásicos como la búsqueda perpetua de la verdad, y no son extraños a su poesía matices que pertenecen a la poesía simbolista o a la modernista de más tarde.

La poesía de Eminescu puede contemplarse como un discurso lírico pronunciado con un lenguaje romántico llevado a su esencia, interiorizado, como una meditación sobre la condición humana, sobre la vida y la muerte, que permanecerá de modo natural en la gran literatura de su época y en la venidera.

Sin que sea nuestro propósito encuadrar su poesía en una corriente poética concreta, no podemos pasar por alto el hecho de que por las enseñanzas que el poeta nos regala, consecuencia de sus vivencias de naturaleza espiritual en el camino angustioso del conocimiento de sí mismo, su poesía adquiere tonos de la poesía mística.
Se afirma que la poesía mística empieza donde termina la religiosa. Más exactamente, la poesía mística es una continuación de la religiosa, una transfiguración de esta última, ya que se refiere a vivencias que difícilmente se pueden expresar en palabras, estados de beatitud, de éxtasis, al final de un camino difícil en el cual el ardor del peregrino alcanza grandes cotas de altitud al focalizar todos sus recuerdos en el cumplimiento de este único objetivo: la comunión con la divinidad. En su poesía, Mihai Eminescu describe momentos de la «noche oscura del alma», predecesores de la realización de sí mismo [“¡Vuelve al pecho mío, inercia triste!/ ¡Para que me muero tranquila, mi ser/ Me lo devuelve! – Oda („Vino iar în sân, nepăsare tristă;/ Ca să pot muri liniştit, pe mine/ Mie redă-mă!” – Odă]; [“Las siempre andadas vias hoy mi pensar advierte,/ Asemejanto juntas la vida a la muerte…/ mas su balanza nunca sealza más ni mengua/ Entre las dos, inmovil, quedose pues la lengua” – Se bate medianoche… („Pe căi bătute-adesea vrea mintea să mă poarte,/ S-asamăn între-olaltă viaţă şi cu moarte;/ Ci cumpăna gândirii-mi şi azi nu se mai schimbă,/ Căci între amândouă stă neclintita limbă.” – Se bate miezul nopţii...)], para alcanzar en el reposo la disolución completa en el sí universal [„Mas por encima de esto, mendigo además:/ ¡Permita mi entrada en la eterna paz!”; “Que sienta yo tu aliento al mío que lo sella,/ Que  en la eterna muerte me pierdo yo sin huella” – La oración de un Dacio („Şi tot pe lângă-acestea cerşesc înc-un adaos:/ Să-ngăduie intrarea-mi în vecinicul repaos!”; „Să simt că de suflarea-ţi suflarea mea se curmă/ Şi-n stingerea eternă dispar fără de urmă!” – Rugăciunea unui dac)].

Tratando de expresar lo inexpresable, el poeta místico utiliza los símbolos para expresar lo que mediante la gracia divina recibió súbitamente, en un momento en el que se sintió raptado, absorto, liberado y sin voz, momento en el cual sus sentidos, sus pensamientos y todo lo relativo a su personalidad estaban bloqueados en un estado de no exteriorización.
El creador de la poesía mística sabe que recibir la gracia es un don que se le ofrece para poder transmitirlo a quienes, a su vez, buscan, conscientemente o no, el camino de la libertad. Porque ese estado que puede experimentar tan solo gracias a la voluntad divina —ya que la voluntad personal está totalmente absorbida por aquella— es un estado semejante a una libertad sin límites, el de la auténtica libertad tal y como la llama la Biblia, un estado que trasciende a todos los límites. Una vivencia que sigue al vaciamiento completo del corazón mediante la consumación de todos los pensamientos personales en la llama viva del amor divino, una «quema completa» que se siente plenamente como una concienciación del estado de Libertad y que induce a otro que podríamos llamar de Alegría.

Al tratar de describir la pureza de este estado, a semejanza de la mayoría de los poetas místicos cristianos, Eminescu lo comparó con la imagen de la Virgen María, la Madre de Dios, de la cual procede la Creación divina y que permanece en eterno estado de pureza. [“¡Lucero de los mares/ Oramos que te apiades/ Nos alces a las cimas/ De olas nos redimas! // ¡Nos cubra tu mirad / Eterna, con ternura,/ O, Madre, inmaculada/ Z virgen siempre pura,/ María!”– Tat twam asi („Rugămu-ne-ndurărilor/ Luceafărului mărilor!/ Din valul ce ne bântuie/ Înalţă-ne, ne mântuie;/ Privirea adorată/ Asupră-ne coboară, /O, Maică prea curată/  Şi pururea Fecioară/ Marie!” – Tat twam asi”; Rugăciune). 

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La poesía puede proporcionar respuestas a los que buscan, consuelo al que sufre, puede ayudarlo a traspasar una barrera aparentemente infranqueable y a entrever un rayo de luz cuando todo le parece oscuro. La poesía es un arte por su modalidad de expresión, una ciencia en la medida en que expresa conocimiento y ocasión de reflexión al lector amante de la poesía. Pero la poesía no se reduce a eso. La poesía nace de un proceso misterioso en el cual el papel que desempeña el poeta es más o menos explícito, pero el impulso que origina todo ese proceso sigue siendo desconocido. La poesía es, por su esencia, uno de los rostros de la verdad y lo es todo para el poeta. Más allá de clasificaciones de adscripción a tal o cual corriente literaria, la poesía seguirá siendo mientras tenga algo que transmitir a quienes la escuchen.
Todos estos aspectos, y muchos otros más, se encuentran en la poesía de Mihai Eminescu. Su poesía, universal como expresión, resulta conocida no solo en la lengua que el poeta eligió para expresar la esencia divina del genio, gracias a las traducciones realizadas con entrega, talento y perseverancia por amantes de la po­esía, traductores y poetas conocedores de la lengua rumana. Poetas y traductores de excepción, enamorados de la poesía de Eminescu, de gran profundidad y enorme musicalidad, consiguen trasladarla a otra lengua manteniendo algo de su encanto original.

Traducido al español por Joaquín Garrigós

 

 



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